Los espacios de antes..

No pretendo decir que "todo pasado fue mejor" ni esperar a que cambiemos la forma como vivimos hoy en día. Pretendo hacer conciencia de cómo vivíamos distinto y eso tenía efectos en nuestra educación.

Cuando yo era chiquita, las tardes después del Colegio cambiaban dependiendo de las ocupaciones de mi mamá. Cuando ella estaba en la casa, a veces hacíamos galletas, brownies y una o dos veces a la semana nos llevaba a montar en bicicleta por el barrio o a jugar en el parque. Una vez a la semana, tenía una hora de clase de piano y el resto de los días, después de hacer tareas, era mi responsabilidad inventarme que hacer; Jugaba a las muñecas, me inventaba carpas con la sábana de mi cama, la lámpara y el sofá. Jugaba a la profesora y le dictaba clase a mis muñecos. Con bolsas plásticas del mercado le hacíamos paracaídas a los juguetes de mi hermano, coloreaba y muy de vez en cuando mi mamá nos dejaba ver televisión. El aburrimiento era parte de mi día a día y era el impulso que me hacía inventarme juegos y llenar mis tardes de actividades lideradas por mi, por mi hermano y algunas veces mis primos.

El día que llegaban las vacaciones, nos íbamos para la finca de mis abuelos. Nos dejaban a mis primos y a mi, durante más de un mes y a los adultos no les podía preocupar en lo mas mínimo los planes que nos inventábamos. La frase mas popular de mi abuela era "niños afuera de la casa hasta que esté la comida, no quiero niños adentro, miren a ver que se inventan".

Jugábamos todo tipo de juegos, desde escondidas y tarro, hasta futbol, volleyball, croquet y quemados, íbamos al río, hacíamos excursiones, picnics, casas en los árboles, inventábamos personajes con nombres y vidas distintas a la nuestra que duraban semanas. Montábamos obras de teatro o bailes para presentarle a los papás por la noche y dábamos paseos en burro, sí, burro, porque los caballos eran para los grandes.

Siempre pasábamos de últimos a comer, nunca nos tocó el pedazo mas grande y algunas veces tuvimos que comer en la cocina, pues en el comedor no cabíamos. Nos debíamos bañar de noche y rápido pues se acababa el agua caliente y nos íbamos a acostar todos al tiempo sin posibilidad de renegar, nos leían un libro y apagaban la luz. Nos quedábamos profundos sin problema.

Vivir en una familia grande y tener este tipo de posibilidades me enseñó a convivir con más personas, a pensar en los demás, a comer de todo, a bañarme donde sea, dormir en donde sea, a seguir reglas, a jugar, a compartir, a aguantar regaños (no solo de mi mamá).

También gracias a esta forma de crecer, hoy en día soy una persona creativa, se trabajar en equipo y logro ponerme en los zapatos de los demás. También aprendí a comerme lo que me sirven, a dormir en donde sea y a aguantar calor, frío y no quejarme tanto. Estas habilidades me han ayudado a montar una empresa, liderar equipos y sobre todo, me han dado la posibilidad de conocer lugares increibles y lograr cosas que para muchos, parecen imposibles.

Hoy en día, los niños tienen infinitas posibilidades de jugar juegos más modernos que los nuestros, más tecnología que enseña habilidades desde edades tempranas, juegos innovadores que fomentan la inteligencia y capacidades cognitivas; todo muy importante, pero no dejemos de lado, que los espacios de crecimiento en comunidad, de compartir, respetar, pensar en los demás, son igual de importantes.
Darles espacios para compartir, para aburrirse, para crear, para liderar y ser liderados; espacios en donde les toque aguantar un poquito de frío, de calor, de hambre o donde les toque entender distintas formas de hacer las cosas, pues no todo es como ellos digan, son espacios que sin duda, los formarán para los retos del siglo XXI.

Urgente reflexión que debemos hacer en el momento de educar a nuestros niños.

Gracias!!!